La noche del jueves 14 de mayo quedará grabada como una de las veladas más memorables en la historia de la industria automotriz ecuatoriana. En uno de los elegantes salones del hotel JW Marriott Quito, la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador, AEADE, celebró ocho décadas de trayectoria en una gala donde la solemnidad se mezcló con la emoción, la memoria y el reconocimiento a quienes hicieron posible el crecimiento de uno de los sectores más importantes para la economía nacional.
Más de 300 invitados fueron parte de una noche distinta. Ejecutivos, empresarios, representantes de marcas, directivos históricos y delegados de 13 países que llegaron a Quito por el Congreso Latinoamericano Automotriz CLAM 2026 compartieron un mismo sentimiento: orgullo por el camino recorrido y esperanza por el futuro que viene.

La gala tuvo un tinte especial. No fue solo una celebración institucional. Fue el reencuentro de generaciones que construyeron la industria automotriz del Ecuador desde distintos momentos de la historia.
En un mismo salón coincidieron figuras legendarias de la época dorada del sector con los actuales líderes empresariales que hoy sostienen el crecimiento de las marcas y compañías automotrices del país.
Y junto a ellos se mezcló también una nueva generación: jóvenes ejecutivos preparados, visionarios, formados en universidades e institutos de alto nivel, que ya ocupan posiciones estratégicas y que serán, en pocos años, quienes conduzcan el destino del sector en Ecuador y en la región.

Esa imagen —la experiencia abrazando el relevo generacional— fue quizá el símbolo más poderoso de la noche.
Bastaba observar a personajes históricos como Agustín Acosta, Nicanor Calisto, Jeffrey Cadena, Patricio Sevilla, Ángel Guarderas, Patricio Pinto, Luis Samaniego, Fabián Baca y Pedro Álvarez para comprender la dimensión histórica del encuentro.
Muchos de ellos sembraron las bases de la industria en tiempos complejos, apostando por el país, por el empleo y por la movilidad cuando el sector aún daba sus primeros pasos.

La ceremonia empezó con un recorrido audiovisual por la historia automotriz ecuatoriana. Desde la llegada del primer Dion-Bouton francés al puerto de Guayaquil, en 1904, hasta la consolidación del sector como uno de los motores económicos del país. Aquel primer vehículo abrió el camino para las primeras concesionarias, los primeros talleres y posteriormente para una industria organizada.
En 1946 nacería la Asociación Ecuatoriana Automotriz del Interior (AEADI), fundada por 19 representantes de empresas y concesionarios nacionales. Décadas después se transformaría en la actual AEADE, convirtiéndose en una institución fundamental para el desarrollo del sector automotor ecuatoriano.

Los discursos centrales de la noche estuvieron cargados de memoria y gratitud. Diego Luna evocó el camino recorrido por el gremio durante estos 80 años y destacó la importancia de mantener la unidad del sector frente a los desafíos del presente y del futuro.
Por su parte, Genaro Baldeón agradeció a las generaciones pioneras por haber construido un terreno fértil para el crecimiento de la industria automotriz ecuatoriana y latinoamericana. Incluso el vicecanciller Saúl Pacurucu resaltó el aporte del sector automotor al desarrollo económico y productivo del país.

Uno de los momentos más emotivos llegó con los homenajes a empresas y personajes que marcaron la historia de la movilidad en Ecuador.
Los hermanos Luis Baca, Fabián Baca y Fausto Baca, del grupo Casabaca, fueron reconocidos como figuras clave de la industria.
El homenaje a Pedro Álvarez, de Álvarez Barba S.A., recordó además la enorme trayectoria de una compañía que se acerca a su primer siglo de vida y que desde 1932 forma parte de la historia empresarial del Ecuador.

También fue distinguido Patricio Pinto, de Automotores Continental, por su aporte pionero en la etapa del ensamblaje automotor junto al recordado empresario húngaro Bela Botar.
La Corporación Empresarial Eljuri recibió el apaluso de la noche. Los nombres de Juan Pablo Eljuri y Ricardo Rosales fueron destacados durante el reconocimiento.
Otro instante de gran emoción se vivió cuando Patricio Sevilla subió al escenario acompañado de sus hijos José Luis y Santiago para recibir el homenaje a nombre de Corporación Proauto e Impoventura, compañías que representan marcas emblemáticas en el país.

La noche continuó rindiendo tributo a empresas que ayudaron (ayudan) a consolidar la industria nacional, como Corporación Maresa, históricamente vinculada incluso al ensamblaje local.
Fernanda Cobo y Fernando Almeida recibieron el reconocimiento en representación de la empresa, mientras un grupo de ejecutivos liderados por Santiago Castro los esperaba emocionado al bajar de la tarima para abrazarlos y retratar el momento en una fotografía que seguramente quedará para la memoria institucional.
También fueron homenajeadas compañías emblemáticas como Latinoamericana de Vehículos C.A. (LAVCA), representada por Ángel Guarderas; Garner Espinosa, cuyos representantes Steve y Amanda Espinosa recibieron el galardón; Ambacar, representada por Santiago Vásconez; e Inducorp, con los hermanos Johny Wiener y Anthony Wiener.
Y por supuesto, no podía faltar General Motors con su histórica marca Chevrolet, próxima a cumplir 100 años de presencia en Ecuador y protagonista esencial del desarrollo automotor nacional. Aldo León recibió el reconocimiento en representación de la compañía.
En la segunda parte de la velada, la AEADE rindió homenaje a varios de sus expresidentes, reconociendo años de liderazgo gremial y trabajo institucional. Entre ellos estuvieron Ángel Guarderas, Luis Baca, Agustín Acosta, Gloria Navas, Fernando Hidrobo, Nicanor Calisto, Diego Luna y Fausto Baca.

Cerca de las 22:00 terminó la gala. Afuera, la ciudad avanzaba hacia el inicio del toque de queda. Pero dentro del salón permanecía otra sensación: la certeza de haber sido testigos de un momento histórico.
Más allá de los reconocimientos y los aplausos, la celebración de los 80 años de la AEADE dejó algo más profundo: el homenaje humano a empresarios, ejecutivos y trabajadores que dedicaron su vida al desarrollo de un sector que mueve empleo, innovación, inversión y progreso para el Ecuador.

También dejó una señal potente hacia el futuro: la industria automotriz ecuatoriana tiene memoria, tiene liderazgo y, sobre todo, tiene nuevas generaciones listas para continuar el camino.

