La noticia llegó sin trompetas, como suele llegar el final de las cosas importantes. Alfonso Quirola, triple campeón de la Vuelta al Ecuador (2021, 2022 y 2024), ha anunciado su retiro del rally nacional. No fue un discurso grandilocuente, sino una confesión hecha desde el camino a casa, en la ruta a Guayaquil.
“Me quedé sin auto”, dijo. Las palabras, simples, cargan el peso de una realidad que muchos pilotos conocen. Sus dos Volkswagen Polo GTI R5 fueron cedidos a los hermanos Byron y Marco Jiménez, quienes competirán este año con el apoyo técnico del Quirola Racing Team. Es una alianza estratégica, un legado que se pasa para que el deporte continúe.

Hay una tristeza palpable en su voz, no por renuncia, sino por incertidumbre. Las negociaciones con Europa para un nuevo Rally 2 aún son incertidumbre. “Podría ser en seis meses, en ocho o talvez el próximo año. No lo sé”. El tiempo, ese rival que ningún motor puede superar, se ha vuelto impredecible.
Su hipotético regreso pende de tres hilos: la luz verde de la fábrica europea, el apoyo de un auspiciante local importante y la recuperación de la salud de un ser querido. Son variables ajenas al volante, a la habilidad, a la valentía en los tramos. La vida, a veces, pone curvas más cerradas que cualquier camino de tierra.

Alfonso Quirola es un veterano del rally. Sus triunfos y títulos se extienden desde los años 90, con un historial tejido a pura recta y curva. Hace seis años regresó a las rutas, después de un primer retiro. Hoy se aleja nuevamente del deporte que ama, el mismo que su padre, también llamado Alfonso, le impulsó a vivir.
Quienes lo han visto en el podio lo recuerdan: tras cada victoria, alzaba la mirada hacia el cielo. Un gesto silencioso, un mensaje privado entre un hijo y su padre. No hacía falta grito; el mensaje lo decía todo.

Ahora, mientras los motores de sus antiguos autos rugen en manos nuevas, él se queda a un lado del camino. No es un adiós definitivo, pero sí profundo. Es la pausa de un hombre que, por ahora, ha entregado las llaves.
El rally continúa. Los Jiménez aceleran con ilusión. Y en Guayaquil, un campeón espera. No sabe cuándo, ni cómo, pero sabe que la mirada, cuando vuelva a elevarse, tendrá un cielo entero de agradecimiento y recuerdos por delante.

