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Los autos nucleares: un sueño imposible y poco seguro

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La Segunda Guerra Mundial estuvo marcada por innumerables actos atroces perpetrados por el ser humano. Uno de ellos fue la bomba atómica. Y es que la invención de esta arma marcó una era para el mundo. Los científicos lograron controlar la energía nuclear, desarrollaron el primer reactor. Poco después quisieron aprovecharla de muchas maneras, pues veían una forma relativamente sencilla, barata y duradera de conseguir electricidad.

Los años 50 fueron una época en la que se destacaban los inventos con tintes futuristas. Justamente fue ahí cuando la energía nuclear eclipsó a la humanidad hasta el punto de intentar colocar un reactor nuclear en un vehículo.  En ese entonces, Estados Unidos y la Unión Soviética eran las grandes potencias mundiales, competían en la carrera espacial y estaban inmersas en una Guerra Fría.

Los dos países utilizaron la energía nuclear para mover sus grandes máquinas. Los estadounidenses desarrollaron en 1954 el submarino USS Nautilus. Mientras que los soviéticos, en 1959 lanzaron un buque rompehielos como la primera embarcación nuclear.

En ese contexto, las marcas automotrices presentaron prototipos de vehículos que funcionarían con energía nuclear. Sin embargo, estas ideas no prosperaron y no se llegaron a producir en masa. ¿Se imaginan conducir su carro con un reactor en la parte del motor? En la actualidad lo veríamos como una locura, sobre todo por el aspecto de seguridad; pero en ese entonces era una idea que llamaba la atención de muchos.

La revista Motorpasión.com recogió algunos de esos prototipos, que presentamos a continuación:

Los inicios de los autos atómicos

Las primeras ideas de este tipo empezaron en 1941, cuando el Doctor R.M. Langer, físico en Caltech, California – Estados Unidos, anunció la creación de un vehículo nuclear, utilizando uranio-235. La información la proporcionó en la revista Popular Mechanics. Años más tarde,en 1945, el diseñador de la marca Stout Scarab, William Bushnell, hizo lo propio en el ‘New York Times’ y con el mismo problema: el aislamiento del reactor.

El Ford Nucleon

La marca estadounidense Ford sin duda es una de las más importantes en la historia de la industria. En 1958 presentó el prototipo del que podría ser uno de los más célebres autos nucleares: el Ford Nucleon.

Este vehículo tenía un diseño acorde a la época. El habitáculo estaba más allá del eje delantero; su carrocería respondía a la necesidad de separar lo máximo a los ocupantes de la fuente de energía, pues sobre el eje posterior tenía un conjunto de doble turbina. El reactor nuclear de uranio en miniatura era el encargado de evaporar el agua, y ese vapor movería cada una de las turbinas.  Una de ellas se encargaría de mover las ruedas y la otra de proporcionar energía para los dispositivos.

Ford estimaba que el Nucleon podría recorrer unos 8 mil kilómetros entre cada recarga de uranio. La compañía imaginaba estaciones de servicio que podrían proporcionar el material nuclear. La idea era que estas estaciones reemplacen a las gasolineras, como si vender un elemento químico de esas características fuera de lo más normal.

La empresa no llevó a la siguiente fase a este auto. No se dispuso de un reactor con el tamaño suficientemente pequeño y sobre todo no había garantías de seguridad para los ocupantes.  

Incluso en 1962, Ford presentó una maqueta con otro modelo, el Seattle-ite XXI. Para este auto también se tenía la idea de un reactor nuclear de células intercambiables.  Su modelo, con tintes futuristas, se destacaba por su habitáculo en forma de burbuja y sus 6 ruedas.

Studebaker-Packard Astral

En esa época, otras empresas, como la desaparecida Packard, presentaron sus propios prototipos. La compañía desarrolló el Studebaker-Packard Astral, un vehículo con un diseño poco convencional: contaba una sola rueda y su carrocería se parecía a la de una nave de ciencia ficción. El auto fue presentado en el Salón de Ginebra de 1958.

La compañía decía que había desarrollado un motor icónico y que su auto tenía un tipo de escudo de energía como modo de protección y que podía moverse sobre el agua. Sin embargo, no se sabía el por qué de esa afirmación.

Simca Fulgur

El diseñador automotriz Robert Opron presentó al mundo su modelo Simca Fulgur en el Salón de Ginebra de 1959. Su auto parecía que fue tomado de una película de ciencia ficción. Se destacaba por su habitáculo con forma de burbuja y por su alerón parecido a las alas de un avión.  

Además no tenía dirección, pues contaba con ruedas fijas que debían ir sobre rieles colocados en la calzada. También utilizaba control por voz para los mandos y un radar para detectar obstáculos en la carretera. Lo que llama la atención es que este auto no fue planeado para llevarse a la producción. Al parecer, la mayoría de sus ideas fueron sacadas de una revista infantil.

Estos proyectos, al igual que otros, no llegaron a ver la luz. Con el pasar del tiempo, se descubrirían los riesgos de utilizar energía nuclear para objetos de uso cotidiano como los autos. ¿Te imaginas qué pasaría si uno de estos vehículos chocara en la calle?