Un Burgund Rot de 1983. Un portal a otra dimensión. En la última temporada de Stranger Things®, la leyenda no solo está en la trama, sino también en el coche: un BMW 733i (E23) que protagoniza una fuga. Su aparición es más que un acierto estético; es una afirmación precisa. Porque en los años 80, como hoy, «el placer de conducir» de BMW no era un eslogan, era una verdad mecánica.
El BMW Serie 7 E23, nacido a finales de los 70, no llegó para ser solo un lujoso sedán. Llegó para ser un gran deportivo con forma de berlina. Su misión era clara: encarnar la vanguardia técnica y la elegancia sin traicionar el ADN dinámico de la marca.
Hoy, al reaparecer en el universo nostálgico y sobrenatural de Hawkins, el 733i no es un mero decorado de época. Es un personaje silencioso que aporta autenticidad y un guiño para el entendido: este automóvil siempre fue una máquina capaz de afrontar cualquier reto, incluso uno inter-dimensional.
La elección de la producción no es casual. En 1980, la revista Car and Driver ya lo describía con palabras que resonarían en cualquier guión de persecución: “El 733i toma las curvas como un auto de carrera monoplaza sobredimensionado…”.
El periodista Rich Ceppos destacaba su agilidad sorprendente, su manejo fiel y esa calma absoluta en cabina que convierte el caos en control. Era, en esencia, el vehículo perfecto para escapar de un Demogorgon… o simplemente dominar una carretera de curvas.
Bajo su diseño robusto, de líneas rectas y faros escamoteables, latía un motor de 3.2 litros de seis cilindros en línea con inyección mecánica Bosch, entregando alrededor de 200 CV.
Una cifra más que respetable para la época, respaldada por una suspensión independiente y una dirección precisa que redefinieron lo que se esperaba de un automóvil de su categoría.
Más que un «clásico», el BMW 733i E23 es un arquetipo. Demostró que el lujo y el dinamismo no eran conceptos opuestos, sentando las bases de lo que sería la filosofía imperante en los sedanes de alto rendimiento.
Su nuevo rol en Stranger Things® no hace más que validar su estatus icónico: conecta con nuevas generaciones no solo por su estética ochentera, sino porque, ante la adversidad (ya sea dimensional o en una carretera de montaña), la propuesta de BMW siempre ha sido la misma: la mejor máquina para la huida es la que te invita, con un placer irreprimible, a conducirla.

