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La apasionante historia del fabricante sueco Koenigsegg

Koenigsegg Agera RS Koenigsegg Agera RS Foto: Archivo Particular

La historia de Koenigsegg es apasionante, inspiradora y emocionante. Cómo un niño supo desde unos irrisorios cinco años que su vida quería girar al rimo de las ruedas traseras de los hiperdeportivos que soñaba construir. 

Como un sueño aparentemente inalcanzable se puede convertir en realidad con tesón, trabajo, paciencia y mucha, mucha pasión. Esta es la historia de Koenigsegg, la historia de Christian Von Koenigsegg y de una marca que ya forma parte de la historia dorada del automóvil.

Con apenas cinco años de edad, un niño llamado Christian salía del cine tras haber visto la película infantil Flaklypa Grand Prix, en el auditorio Angsgarden de Estocolmo. Una película que hablaba de coches, de carreras, de pasión por la velocidad. Al salir de aquella película, ese niño le dijo a su padre: “papá, yo de mayor quiero fabricar coches.” Como esa frase aparentemente sin importancia pero que puede esconder una vocación oculta más real de lo que nadie podía imaginar entonces, especialmente su padre.

Aquel niño creció soñando con coches, especialmente tras probar las mieles de la velocidad y de la adrenalina con seis años, tras pasar una jornada en los karts. Christian Von Koenigsegg sigue definiendo aquel día como uno de los mejores de su día. Era un mundo que le apasionaba, velocidad, diversión. El paso del tiempo fue fortaleciendo esa pasión por los coches y desde su adolescencia ya iba modelando cómo sería su propio deportivo. Koenigsegg nunca fue un buen estudiante y sus padres lo mandaron a un internado, pero siempre con los coches en su cabeza: aprovechaba los veranos para trabajar siempre cerca de los coches: incluso arreglaba los coches de sus amigos y conocidos.

Con el paso del tiempo, Koenigsegg empezó a despertar también una vocación emprendedora muy marcada y empezó a pensar en nuevos inventos que le pudiesen dar los fondos suficientes para fabricar su propio coche. Tuvo muchos intentos y empezó a ganar algo de dinero, aunque todo terminó bastante mal, hasta que por fin, el 12 de agosto de 1994 funda Koenigsegg Automotive y empieza a hacerse realidad su sueño de toda la vida: fabricar su propio coche.

Historia de Koenigsegg: nace el CC

Decidió bautizar al coche con su apellido y el emblema de la empresa era una evolución del escudo de armas de su familia. Le gustaba esa tradición familiar y cercana de otros grandes como Enzo Ferrari o Ettore Bugatti. Desde ese momento se imaginó su propio superdeportivo: debía ser afilado, súper rápido pero también utilizable y fiable. Tras dos años de intenso trabajo, nacía el Koenigsegg CC, el primero de todos. Rodó por primera vez con Rickard Rydell a sus manos en el circuito de Anderstorp en 1996. El coche gustó, pero todavía era un prototipo y poco a poco se iría perfeccionando.

Al mismo nivel de su desarrollo técnico, Koenigsegg tuvo muy claro que debía poner en paralelo una importante herramienta de marketing para poder llevar a cabo con éxito su sueño: fabricar un deportivo…¡pero también venderlo! En 1997 envía el coche al Festival de Cine de Cannes, una jugada maestra: mucho millonario cerca, una gran repercusión mediática y el buen desarrollo técnico que se estaba llevando a cabo hicieron que el desarrollo hacia el modelo final de producción se acelerase.

En 1998 Koenigsegg se muda al pequeño pueblo de Margretetorp, donde se ubica en una especie de granja reconvertida a fábrica de supercoches. Será allí donde nacerá el primer Koenigsegg de calle. Dos años después, en el Salón de París del año 2000 nacía el Koenigsegg CC8S: el 8 venía del número de cilindros de su motor y la S de su sistema de sobrealimentación. El modelo presentado todavía era un prototipo, pero con muchos de los elementos finales de producción, como su motor V8 de 655 CV. Este modelo serviría para homologar al resto de la familia, así como coche de pruebas.

El concepto fue evolucionando hasta el año 2002, cuando se terminó de producir el primer ejemplar privado. Se presentó en el Salón de Ginebra de 2003 y lucía algunas mejoras estéticas y dinámicas, fruto del largo proceso de desarrollo. El primer coche estaba pintado en color rojo y le siguieron otros cinco coches, formando una primera serie del Koenigsegg CC8S de apenas seis coches, dos de ellos con el volante a la derecha. El mundo estaba bastante entusiasmado con el proyecto de este joven sueco y con la venta del primer coche le fue adjudicado su primer reconocimiento: el Libro Guiness de los Récords le otorgaba el certificado de motor más potente del mundo en un coche de producción. 

Historia de Koenigsegg: un motor glorioso

Koenigsegg fue inteligente al optar por un motor fiable de origen y una modificación propia enfocada a la mejora general pero sin peligros de pasarse de la raya ni de sacrificar la fiabilidad. El motor estaba basado en un Ford V8 de 4.7 litros al que se instalaron compresores Rotrex de competición. Con cuatro toques podría rozar los 1.000 CV, pero 655 CV era una potencia suficiente para que todo el mundo quedara satisfecho. 

2003 iba a ser el lanzamiento de su primer modelo de calle, pero justo antes de ese gran momento en el Salón de Ginebra, su sede de operaciones, su bastión, ardía pasto de las llamas. Un incendio que para nada traspuso sus planes y que no fue demasiado grave, ya que el material sensible se pudo salvar a tiempo. La empresa entonces se trasladó a Angelholm, a una antigua base aérea del Ejército Sueco: 4.000 metros cuadrados de instalaciones para trabajar a todo trapo y una pista de casi 2km para probar estas bestias. ¿Qué más se podía pedir?

En este punto, Koenigsegg estaba donde debía estar. Su primer coche había sido muy bien recibido: incluso Jeremy Clarkson se quedó rendido a su potencial. La marca contaba con unas instalaciones de primera y medio mundo estaba esperando qué más podían hacer, especialmente aquellos millonarios un poco cansados del conformismo y autocomplacencia de los fabricantes tradicionales. Pagani y Koenigsegg llegaron en el momento adecuado.

En 2004 ya estaba preparada la nueva evolución: el Koenigsegg CCR mejoraba todavía más su estética y el éxito fue abrumador. Su V8 de 4.7 litros alcanzaba los 806 CV y se fabricaron 14 ejemplares, dejando claro su éxito entre los deportivos más caros, exclusivos y salvajes. Estaban haciendo bien las cosas y el mercado lo recompensó con creces. En 2005 se iba a llevar el Record Guiness del coche más caro del mundo, superando por poco más de 1 km/h al mítico McLaren F1. 387,86 km/h era la mejor tarjeta de presentación de Koengisegg y Christian no dudó en llevar ese mismo coche al Salón de Ginebra de 2005.

Tras ese nuevo récord, Koengisegg estaba lanzado y en 2006 presentó una nueva evolución: el Koenigsegg CCX. El objetivo era poder ser lanzado en diferentes mercados y de hecho fue el primer Koenigsegg en ser vendido en EEUU. El CCX fue también famoso por el accidente que sufrió ‘The Stig’ en la pista de Top Gear, dejando sobre la luz un problema de diseño del coche: la ausencia de downforce al tomar curvas rápidas. Ese accidente hizo que Koenigsegg volviese a diseñar la parte trasera e incorporase un pequeño alerón que mejoraba este factor.

Desde 2006 hasta el año 2010, cuando nacía el Koenigsegg Agera, Christian Von Koenigsegg y su equipo lanzaron numerosas versiones del Koenigsegg CCX. El primero fue el CCXR, con una potencia máxima de más de 1.000 CV gracias al uso de Etanol como combustible. El CCGT era la propuesta de Koenigsegg para participar en Le Mans, pero lamentablemente nunca llegó a participar debido a un cambio de reglamento de la FIA. Más tarde llegarían las ediciones ‘Edition’, con nuevas llantas o una carrocería en fibra de carbono sin pintar, las versiones ‘Speed Record’ o el espectacular CCXR Termita, terminado con una asombrosa carrocería en fibra de carbono blanca sin pintar. Dejando sobre la mesa las innumerables modificaciones posibles sobre el producto original y su gran capacidad técnica y tecnológica.

En 2010 llegaba el segundo modelo de Koenigsegg: el Agera. Nacía rozando los 1.000 CV, pero Koenigsegg ya no era simplemente un deportivo muy potente y ya, era excelencia tecnológica, diseño espectacular y prestaciones brutales. Se siguió la tendencia del CCX con el lanzamiento de diferentes versiones que cambiaban más bien poco: el Agera R podía producir 1.140 CV con Etanol como combustible. Si las prestaciones eran impresionantes, la frenada no era menos: Koenigsegg quería demostrar que era mejor en todo y también quiso demostrar al mundo su brutal evolución. En 2008 había conseguido completar el 0-300-0 km/h con el CCX en 29,2 segundos. Tres años después, bajaban esa cifra hasta los 21,19 segundos, con el Agera. ¡Brutal!

En 2014 nacía el Koenigsegg One, una nueva vuelta de tuerca con unas cifras de infarto: 1.360 CV para 1.360 kg de peso. La ecuación perfecta. Gracias a su brutal kit aerodinámico, era capaz de generar un agarre lateral de 2g. Este modelo sigue estando en lo más alto de todos los récords, incluyendo el descomunal récord de 0-400 km/h que consiguió recientemente.

En los últimos años, Koenigsegg se encuentra en un impás, entre los últimos ejemplares del Koenigsegg Agera, como el Koenigsegg Agera RS, y el desarrollo final y lanzamiento comercial del Koenigsegg Regera , su tercer hiperdeportivo. Christian Von Koenigsegg tiene depositadas buena parte de sus esperanzas de futuro en el Regera, con su motor V8 pero con tres motores eléctricos dispuestos a ofrecer unas prestaciones de locura. Contará con 1.500 CV y no tendrá transmisión: demostrando una vez más su capacidad tecnológica, ha desarrollado un sistema bautizado como Koenigsegg Direct Drive, donde los motores eléctricos apoyan la arrancada y dejan al V8 para seguir la fiesta a partir de 30 km/h. 

Empieza ahora un nuevo futuro para Koenigsegg, el de los coches híbridos. Con el CC cumplió su sueño y convenció al mundo de su calidad. Con el Agera destrozó todos los registros y se convirtió en el hiperdeportivo más salvaje de su tiempo. Con el Regera nos esperan muchas alegrías: el plan de la marca es producir 80 ejemplares en un periodo de cinco años y viendo la evolución de los otros dos, no tengo ninguna duda que Koenigsegg nos volverá a dar muchas sorpresas y alegrías. ¡Los sueños se cumplen! Y si no visitad al señor Christian Von Koenigsegg en su fortín de Angelholm: si me toca el euromillón, yo seré el primero en peregrinar al norte.

Fuente:  www.topgear.es (Por Raúl Salinas)